FIESTA DE ESPÍRITUS LIBRES: CA7TRIEL Y PACO AMOROSO TRANSFORMARON AL PALACIO DE LOS DEPORTES EN 12 PASOS
Si algo quedó claro durante el concierto de Ca7riel & Paco Amoroso en el Palacio de los Deportes fue que nadie llegó al Domo de Cobre para quedarse quieto. El dúo argentino tomó el escenario como si fuera una enorme pista de baile y convirtió su propuesta de Free Spirits en una mezcla de música, humor, provocación y una buena dosis de caos perfectamente calculado.
Ca7riel & Paco Amoroso no necesitan demasiadas instrucciones para poner al público mexicano a brincar. Entre cambios de ritmo, movimientos exagerados y esa actitud despreocupada que los caracteriza, los argentinos recorrieron buena parte de su universo musical, pasando por el funk, el rock, el trap, el hip-hop y la electrónica. El resultado: un espectáculo que difícilmente puede quedarse en la categoría de simple concierto.

La música fue, por supuesto, el centro de todo. Temas como “#TETAS”, “Dumbai”, “Impostor ”, “Re Forro”, “Pirlo” y “La que puede” hicieron que las gradas y la pista se convirtieran por momentos en una sola masa de gente cantando, bailando y siguiendo cada movimiento del escenario.
Y ahí está buena parte del encanto de Ca7riel & Paco Amoroso: no parecen estar interesados en ofrecer un concierto solemne. Todo lo contrario. Su espectáculo juega constantemente con la exageración, la ironía y la cultura pop, mientras ellos se mueven entre instrumentos, coreografías y momentos que parecen sacados de una fiesta que alguien decidió convertir en producción de estadio.
La propuesta de Free Spirits también funciona como una especie de parodia de esa obsesión contemporánea por estar siempre bien, ser productivo, cuidar cada aspecto del cuerpo y alcanzar una supuesta versión perfecta de uno mismo. Pero en manos del dúo argentino, la respuesta parece mucho más sencilla: bailar, gritar, cantar y olvidarse por un rato de intentar tener la vida bajo control. El público mexicano entendió perfectamente el mensaje. Desde los primeros minutos hasta los momentos de mayor intensidad, la respuesta fue inmediata.













Cada canción parecía subir un poco más la temperatura del Palacio de los Deportes, mientras Ca7riel y Paco aprovechaban esa energía para llevar el espectáculo todavía más lejos. Cuando llegó la parte más electrónica de la noche, aquello dejó de parecer un concierto tradicional y se convirtió directamente en una fiesta multitudinaria. Las luces, los beats y miles de personas bailando terminaron de completar la transformación.
Ca7riel y Paco Amoroso llegaron a México con la intención de liberar espíritus y, al menos durante esa noche, lo consiguieron. No hizo falta ningún gurú, terapia milagrosa ni manual de bienestar: bastaron dos argentinos, un escenario y un público mexicano dispuesto a perder la compostura durante unas horas.