BACKROOMS: LA OBRA QUE COMENZÓ POR DIVERSIÓN, HOY CONQUISTA LAS SALAS DE CINE
Backrooms me dejó con esa sensación rara de haber visto algo que no sólo quiere asustarte, sino desacomodarte por dentro. Y eso ya es mucho decir. La película nace de una idea que en internet se volvió obsesión: una puerta extraña en el sótano de una mueblería, una desaparición y una dimensión imposible hecha de pasillos, cuartos vacíos y espacios que se sienten conocidos, pero al mismo tiempo profundamente equivocados. A24 la presenta justamente así, como “una historia de horror liminal dirigida por Kane Parsons y protagonizada por Chiwetel Ejiofor y Renate Reinsve”.
Lo que también vuelve interesante esta película es quién la hizo. Parsons no llega desde la ola tradicional de Hollywood, sino desde YouTube. En 2022, cuando tenía 16 años, subió el corto The Backrooms (Found Footage), hecho en casa y principalmente con Blender; en una conversación de A24 con James Wan, el propio Parsons habla de ese primer impulso como un experimento hecho por pura curiosidad, no por la intención de “corregir” nada.
Y se nota que esa línea sigue viva en la película. No se siente como una adaptación de algo más, sino como la expansión de una idea que nació rara desde el principio. Parsons incluso contó que shotlisteó toda la película en Blender y que se construyeron decenas de sets, algo que explica por qué la cinta tiene esa textura de mundo artificial, pero inquietantemente físico.

UN LUGAR QUE SE COMPORTA COMO PERSONAJE
Lo que más me gustó es que Backrooms demuestra que el espacio puede ser el verdadero monstruo. No depende tanto del susto fácil ni de aparecerte algo de chingazo, aunque sí hay algo de eso; más bien te transmite una incomodidad constante, como si el lugar mismo te estuviera observando. Eso me pareció lo más potente de la película: el sitio no acompaña la historia, la domina. Y ahí Parsons sí me parece un cabrón a pesar de tener 20 años, porque maneja la atmósfera como si fuera un personaje con voluntad propia. ¿Me explico?
La estructura también ayuda a esa sensación. La historia entre el paciente que desaparece, su terapeuta y la dimensión que se abre detrás de una puerta en una tienda de muebles funciona como una caída lenta, casi hipnótica, hacia algo que nunca termina de explicarse del todo. A24 resume la premisa con esa puerta extraña en el sótano de una sala de exhibición, y justamente esa idea central es la que mejor define la película: cruzar no te lleva a otro lugar, te mete en un laberinto mental.
Yo sí creo que es una película para verla más de una vez. No porque sea confusa por accidente, sino porque parece hecha para que algunas piezas no encajen a la primera. Y eso me gustó. Hay cosas que quedan flotando, hay decisiones que no se terminan de revelar, y justo ahí está el chiste. Es una película que confía en el desconcierto.
También hay algo muy valioso en cómo se siente. Te hace pensar en ese estado de bucle en el que uno puede vivir sin darse cuenta, en esa especie de exilio cotidiano donde una persona simplemente sigue avanzando, aunque ya no sepa exactamente hacia dónde. La película trabaja muy bien esa idea de la mente como pasillo, como cuarto sin salida, como sitio que se repite.

UNA PROPUESTA QUE NO SE PARECE A OTRA
Salí confundido, sí, pero también encantado. Porque incluso el buen Javier Ibarreche lo dice: Backrooms no se siente como un refrito ni como un ejercicio de imitación. En las primeras reacciones y críticas de estos días, varios la han descrito como “una propuesta inquietante, visualmente fuerte y muy marcada por la atmósfera”, aunque también ha habido voces que la consideran más enigmática que cerrada. Eso, para mí, no la debilita; la vuelve más interesante.
A mí me gusta mucho que una película venga de un director tan joven y aun así se sienta con tanta identidad. No parece hecha para agradar a todos ni para explicar todo con cucharita. Más bien parece una invitación a entrar y perderse. Y eso, viniendo de un proyecto que empezó como diversión en internet y terminó en cine con respaldo de A24, ya de por sí tiene algo poderoso.
Backrooms no sólo me entretuvo; me inquietó de una forma diferente. En mi opinión, el terror funciona cuando no te da todas las respuestas. A veces, el miedo más efectivo no es el que salta de la nada, sino el que se queda quieto, esperando en un pasillo eterno.
Imágenes: A24