RESEÑA | LA GUERRA DE LOS ÚLTIMOS: CUANDO EL FIN DEL MUNDO SE SIENTE MUY ¿TRANQUILO?
Con las pelis que llegan con la promesa de un mundo destruido, supervivientes, armas, persecuciones y una buena dosis de caos, uno se sienta en la butaca esperando que en cualquier momento todo explote. La Guerra de los Últimos, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Jacob Elordi, hace algo diferente. Y ahí estuvo mi problema con ella… pero también, quizá, fue una de sus virtudes.
Nos invitaron en Paralelo 32 a verla en IMAX el martes pasado y, siendo muy sincero, hubo momentos en los que se me hizo demasiado lenta. No aburrida durante toda la experiencia, pero sí con escenas que parecen tomarse su tiempo cuando uno ya está esperando que algo suceda. Y lo curioso es que la película sí tiene acción prácticamente desde el comienzo.
La historia nos pone en un mundo posterior a una pandemia que prácticamente acabó con la sociedad como la conocemos. Hig, interpretado por Elordi, sobrevive prácticamente aislado junto a Bangley, un exmarine interpretado por Josh Brolin, y su perro Jasper. Entre vuelos, recorridos para conseguir provisiones y una rutina marcada por la supervivencia, Hig encuentra una señal de radio que abre una posibilidad que parecía imposible: quizá todavía haya alguien del otro lado. A partir de ahí empieza realmente el viaje, aunque lento, fue donde más me quedé pensando.
No sé si Ridley Scott buscó que la película se sintiera así de pausada para transmitir la soledad de su protagonista. Solo si esa era la intención, creo que funciona bien. ¿La Guerra de los Últimos no sólo muestra un mundo vacío; intenta que tú sientas ese vacío?
Hay largos momentos donde Hig está prácticamente solo con sus pensamientos, su avión y Jasper. No hay una ciudad llena de gente. No hay ruido constante. No hay estímulos por doquier. Hay silencio, paisajes enormes y una persona intentando encontrar alguna razón para seguir.

La secuencia en la que Hig pilotea el avión y luego lo apaga, me transmitió mucha paz. En esos momentos la película parece olvidarse del apocalipsis para simplemente contemplar.
La crítica especializada también ha encontrado esa dualidad. Screen Daily la describe como una de las películas más contenidas y tiernas de Scott, mientras que otras reseñas han sido mucho más duras con el ritmo, calificándolo como excesivamente lento.
Y para también hablar desde ese otro punto, sentí que la película perdió fuerza es en algunas historias que parecen comenzar y después no terminan de desarrollarse como uno espera. Hay personajes y situaciones que prometen mucho, particularmente alrededor de Margaret Qualley y Guy Pearce, pero varias de esas líneas narrativas se sienten como si pertenecieran a una película diferente.
No soy el único que tuvo esa impresión. Algunas de las críticas recientes señalan precisamente que la cinta tiene personajes atractivos y buenos intérpretes, pero que el guion no siempre consigue darles suficiente profundidad o conectar todas sus piezas.
Aun así, el reparto lo hace bastante bien. Brolin encuentra en Bangley una personalidad mucho más desconfiada y práctica, que contrasta perfectamente con el lado más sensible de Hig. Margaret Qualley aporta una energía distinta cuando aparece y Guy Pearce también tiene momentos muy buenos. El problema no está en ellos; más bien, en que la historia no siempre les da el espacio suficiente para que sus personajes terminen de crecer.

ELORDI SE TOMÓ EL FIN DEL MUNDO CON CALMA
Aquí probablemente habrá una división muy clara. A las personas que van principalmente por Jacob Elordi, seguramente les gustará. Su personaje no es el típico héroe de película posapocalíptica. No es el tipo que entra a un lugar disparando mientras una explosión ocurre detrás de él. Hig es más bien un hombre melancólico, confundido y cansado, que todavía busca algo que le dé sentido a estar vivo.
No necesita gritar para transmitir tristeza. Muchas veces basta con verlo sentado, manejando el avión o mirando hacia la nada. El problema llega cuando uno espera que la película avance y, en lugar de hacerlo, vuelve a quedarse contemplando el paisaje.
Y hablando de esto, es una chulada disfrutarla en IMAX. Ridley Scott sabe capturar escenarios enormes. La película aprovecha los paisajes, el cielo, las montañas y esa sensación de pequeñez que tiene Hig frente a un mundo prácticamente vacío. La fotografía de Eric Messerschmidt ha sido uno de los elementos más reconocidos por la crítica, incluso entre quienes han cuestionado el guión y el ritmo.
En fin, esta peli tiene momentos de acción bastante buenos, algunos enfrentamientos fuertes y escenas que recuerdan que estamos frente a un mundo donde cualquier descuido puede costarte la vida. Pero el corazón de la cinta está en otro lugar.
Está en la compañía.
En la pérdida.
En el amor.
En la necesidad de volver a conectar con alguien cuando prácticamente todo lo demás desapareció.
Y quizá por eso el avión dejó más que algunas de las escenas de acción.


¿La recomendaría? Sí, pero sabiendo perfectamente a lo que vas.
Si buscas una película de acción posapocalíptica con ritmo constante, probablemente saldrás decepcionado. Pero si te interesa una película que le tira un poquito más al drama, hay cosas bastante rescatables.