domingo 9 de agosto del 2026 1:43 pm USD 17.15
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Opinión

RESEÑA | LA MUERTE DE ROBIN HOOD: CUANDO EL MITO YA NO ALCANZA PARA TAPAR LA SANGRE

RESEÑA | LA MUERTE DE ROBIN HOOD: CUANDO EL MITO YA NO ALCANZA PARA TAPAR LA SANGRE

Hay películas que uno entra viendo con cierta incertidumbre, casi por compromiso, y de pronto terminan agarrándote donde menos lo esperas. La Muerte de Robin Hood fue eso para mí. No llegué como fan del género ni como alguien conectado con historias de vikingos, aldeas, espadas y toda esa estética que normalmente no me lleva a comprar un boleto. Pero esta cinta, dirigida por Michael Sarnoski y producida por A24, toma la figura de Robin Hood y la lleva hacia un terreno mucho más oscuro, más íntimo y bastante más incómodo. Robin aparece como un hombre herido, arrastrando su pasado después de una vida de crimen y asesinato, con una ligera posibilidad de redención en manos de una mujer misteriosa.

Y ahí es donde la película funciona diferente. Porque no es la típica historia que nos contaban de niños sobre el héroe que roba a los ricos para ayudar a los pobres. Aquí hay algo más crudo, más descompuesto, más humano. La propia película se mueve en esa idea de que Robin Hood no es tanto una figura limpia como un mito construido a base de violencia, culpa y versiones convenientes de la historia. Michael Sarnoski dijo en algunas entrevistas que le interesaba justamente esa zona gris: la de alguien que intenta entender su identidad mientras el relato alrededor de él se vuelve leyenda.

UN ROBIN HOOD MÁS SUCIO, MÁS VIVO

Lo que más me atrapó, y honestamente lo que me hizo cambiar de opinión, fueron las actuaciones. Hugh Jackman carga la película con una presencia brutal; no intenta verse heroico en el sentido clásico, sino cansado, golpeado, casi vencido por su propia historia. Jodie Comer le da equilibrio a esa oscuridad con una energía que aporta humanidad y tensión al mismo tiempo. Pero quien de verdad se roba gran parte de la película es Bill Skarsgård, quien ya me tenía acostumbrado al suspenso, pero aquí se soltó por completo. Transmite rabia, ira, desesperación y una especie de amenaza latente que se siente incluso en silencio. No exagero cuando digo que por momentos te tensa la mandíbula sin necesidad de hacer demasiado ruido, de hecho, aparece mucho menos que los actores que ya mencioné.

La película también tiene ese mérito de verse como algo más físico que estilizado. Sarnoski la rodó en 35mm en Irlanda del Norte, y esa decisión le da una textura muy terrenal, muy áspera, muy alejada del brillo plástico que a veces arruina este tipo de relatos. Además, el propio director describió la cinta como una exploración de los ballads más tempranos de Robin Hood, que eran mucho más brutales de lo que solemos recordar. Eso se nota: no hay romanticismo barato ni heroísmo superficial.

EL MONSTRUO, LA MENTIRA Y LO QUE NOS CONTAMOS PARA SOBREVIVIR

También me pareció muy interesante la forma en que la película trata la violencia como algo que no sólo ocurre afuera, sino que se carga por dentro. Y esto lo maneja impresionante Faith Delaney, quien interpreta a Little Margaret. Otra gran (pero al mismo tiempo pequeña) actriz, quien es parte importante de la historia y que a pesar de su corta edad, puede transmitir sentimientos tanto positivos, como negativos; guau todo lo que tuvo que procesar para luego transmitir.

Hay una idea que atraviesa todo: la de inventar historias para maquillar lo que realmente somos o lo que realmente hicimos. Y eso, para mí, es de lo más fuerte de la cinta. Porque deja de ser una aventura de época y se convierte en una reflexión sobre la culpa, el desgaste y la necesidad de convertir una vida violenta en una narrativa soportable.

Por eso conecté tanto con el final de mi experiencia. Salí satisfecho, incluso sorprendido, porque no esperaba que una película de este tipo me impresionara. Hay momentos muy duros, otros bastante profundos, y varios en los que el peso emocional termina siendo más fuerte que la acción misma.

No siento que sea una película para todos los públicos. De hecho, creo que quienes sí la van a disfrutar más son las personas que ya vienen con gusto por la aventura, el suspenso y los relatos medievales sin barniz. Pero incluso para alguien como yo, que no suele entrarle a este tipo de historias, terminó funcionando. Mucho tuvo que ver Hugh Jackman, mucho Jodie Comer, y muchísimo Bill Skarsgård, que de verdad se voló la barda.

La Muerte de Robin Hood no intenta revivir un mito bonito, sino mostrar el costo de sostenerlo. Porque debajo de la leyenda hay un hombre hecho pedazos, y la película se atreve a mirarlo de frente.

Este seis de agosto, ya disponible en todos los cines de Tijuana.

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